domingo, 29 de noviembre de 2009

Fantasmas




Los fantasmas de la noche
tironean de mis pensamientos.

Y me hacen guiños a travez de los espejos
vacios de imágenes amadas.

A veces , en el silencio, gritan ,un te amo
desde el abismo de mi soledad.

Falsas companías, que aturden mis sentidos
me traen tu cuerpo sin alma.

Me despojan de mi realidad
y hacen que dibuje caricias en el aire.

Intento un beso desesperado
en una boca de ficción.

Grito tu nombre, en un exorcismo de amor
se desvanecen en la oscuridad.

Vuelvo a la quietud de mis sueños
y ahí me acompañas otra vez.

jueves, 26 de noviembre de 2009

Travesia por tu cuerpo





Tengo pronta la barca de mis manos para recorrer el océano de tu cuerpo, la luna de tus ojos, marca mi camino, suelto amarras en la bahia de tu frente, dejando en ella la estela de un beso, distingo a lo lejos el acantilado de tu nariz, obra maestra del mejor de los escultores.

Me tomo un descanso en la caleta de tu boca, aguas calmas y tibias, donde distingo en su profundidad las perlas de tus dientes, la brújula de mis sentidos marca hacia el sur. Retomo el derroteo, la corriente de tu deseo me lleva hacia las prominencias de tus senos, donde despedazo en un torbellino de espuma blanca, parte de mi nave.

No me detengo , el viento calido de tu suspiro, me empuja hacia el remanso de tu vientre, donde en el delicado pozo de agua dulce de tu ombligo, calmo mi sed. La corriente se hace mas intensa, la ansiedad también.

Un pequeño oleaje, me deposita en la playa de tu pubis, donde me entrego al juego infinito del placer, exhausto, como sobreviviente de un naufragio, repongo mi fatiga.El horizonte se tiñe de rojo, el sueño me vence, te abrazo, en mi mente, preparo nuevas travesias.

Labriega de mi amor



Me hiciste luz, en el ocaso incipiente de mi soledad.

Prendiste alas en mi cuerpo, y aprendí a volar.

Me diste ramas para anidar allí, tus sentimientos.

Ungiste mi cuerpo con caricias y besos, calmando mis penas.

Durmiendo en tu regazo recuperé mi paz.

En tu cuerpo ardiente encontré el abrigo,

Sos labriega en un nuevo hombre.

En mi tierra fértil sembraras tu simiente.

Cosechando en mi, nuevos amores.

Y cuando el sol de la vida, no fertilice, ya nuestra siembra,

nos haremos tierra y así permaneceremos, unidos por siempre,

hasta el momento en que volvamos a renacer.

TR